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Published in Revista Nº 45

Me construyo en tu mirada. Proceso y desarrollo de la identidad del bebé a través de la mirada del adulto.

Publish 01 May 2013 Read 3641 times
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Desde que un bebé es concebido, uno de los primeros deseos maternos/paternos que se producen en el momento del nacimiento es mirarle. Esta situación culmina un periodo de deseos e ilusión, gestado durante nueve meses, en el que el bebé es sentido, pensado e imaginado por sus padres. A partir de ese momento, la mirada se convierte en una envoltura psíquica y tónica que acompaña al bebe en su desarrollo.

Al hablar de la mirada,  no hacemos referencia a la fotográfica, basada en una imagen que sitúa y orienta, sino a la mirada psicomotriz… es esa una mirada maternante, tónica, sensitiva, cargada de afectos y emociones, de seguridad,  llena de cariño, amor, ternura, llena de sentimientos, que tonifica y estimula, mirada que seduce, que expresa y comunica…que le dice al bebé que existe.

Junto con el calor corporal, el contacto con la piel,  la respiración, el mecimiento y la voz, La mirada establece un dialogo y permite una comunicación que, en las mejores condiciones, lleva a un acuerdo de las tensiones tónicas. Ese deseo fusional, desembocará más tarde en el descubrimiento y la afirmación de la identidad. El bebé, que se siente mirado, inviste el placer de la mirada maternante  para transformarlo, progresivamente, en el placer de la acción de actuar sobre ella, de actuar sobre sí. 
 
       Por una mirada un mundo;
       por una sonrisa,  un cielo,
       por un beso…,¡yo no sé
       qué te diera por un beso!
 
                             Gustavo Adolfo  Bécquer
 
Desde el sentir del bebé, si el recién nacido pudiera hablar seguramente diría: Todo mi mundo está en tu mirada….Porque de todos los sentidos de que disponemos, sólo uno, el sentido de la vista, presenta una clara carencia en su desarrollo durante el nacimiento, finalizando su maduración en los primeros meses de vida extrauterina. Por lo tanto el bebé daría…por una mirada un mundo, y como tal, busca la mirada maternante, nexo de unión entre su mundo intrauterino con su nuevo mundo y refuerza ese vínculo que  le permite construirse a sí mismo. Así pues, contenido por la otra mirada, sostenido por las emociones, los placeres y displaceres, el bebé experimenta un estado de globalidad corporal, en el que su identidad se va a ir construyendo según la calidad de sus afectos.
 
“Para que pueda construirse la búsqueda de su identidad, es necesario previamente que el cuerpo quede reunido en una imagen global. De esta manera la imagen maternante  es como un espejo en el que se refleja toda su globalidad más afectiva, emocional y tónica que permite construir su yo corporal”. El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia. André Lapierre y Bernard Aucoutiruer
 
El viaje de la mirada 0-6 años
 
Vamos a permitirnos durante unos instantes, situarnos bajo la piel del neonato en sus primeros momentos de vida extrauterina…para realizar un breve recorrido del sentir de la mirada, la relación que se establece y como la mirada construye al niño o niña.
 
La maduración del sentido de la vista se realiza por medio de un proceso neurológico evolutivo complejo, hasta tal punto que fisiológicamente, su desarrollo no está finalizado en el nacimiento.
La conducta del recién nacido consiste en automatismos y movimientos incontrolados, según Wallon es el periodo de impulsividad motriz, descargas tónicas bruscas y no controladas, que irán madurando hacia los movimientos controlados.
Es en esos primeros instantes de vida, se produce una conexión con la mirada del adulto, que  le permite construirse a sí mismo, contenido por la otra mirada, sostenido por las emociones,  expresado a través de la mirada maternante. Es un estado placentero que queda biológicamente grabado para siempre, Que le permite vivenciar un estado fusional, indiferenciado. 
 
 Se establece una relación fusional que lleva a un estado de globalidad fusional. El bebe está unido umbilicalmente con otros ojos, con otra mirada que es la prolongación de sus propios ojos, porque aunque todavía no ha desarrollado el sentido de la vista al completo, se reconoce en la mirada envolvente de la madre, ella que, con su mirada psicomotriz permite vivirse en el otro, crecer, en un constante diálogo bidireccional, afectivo, tónico y emocional crea una sólida base, una estructura vital de desarrollo para el recién nacido, cuya identidad se va a ir construyendo según la calidad de sus afectos.
 
 “Son los ojos, por donde entran las imágenes del mundo, la imagen del otro, pero también por donde sale la mirada que penetrará en el otro. Intercambio de miradas que conectan con el rostro del otro”. El cuerpo y el inconsciente en educación y terapia. André Lapierre y Bernard Aucoutiruer
 
A pesar de la carencias que presenta el sentido de la vista al nacer, se produce un rápido proceso de maduración y a las pocas semanas, el bebé distingue entre claridad y oscuridad, también distingue los contornos, y a los tres meses ya distingue los colores, pero si hay algo que llama especialmente la atención durante ese periodo, es el momento casi mágico en el que el bebé desplaza su brazo hacia la cara de la madre como para querer apropiarse de la mirada maternante, para que esta le mire y le comunique, le exprese, le sonría, le juegue, produciendo una reacción del sistema visual en su conjunto a los estímulos luminosos, de la madre y mano propia, pero también una reacción de mirar y ser mirado, en su más amplio sentido, global y psicomotriz.
Es hacia los tres meses, cuando el bebé reconoce signos, ojos nariz, boca…el momento en que llega la aparición de la sonrisa, es el primer paso para identificar objetos y personas.
En ese tiempo, la madre ha podido desplegar un arcoíris de miradas, expresivas, comprensivas, estimulantes…infinitas, en las que el bebé se refleja, se ve a sí mismo, porque todavía no se sabe, como  un ser separado del otro.
 
Tal es así que hacia los ocho meses de vida, en la etapa de la angustia, es capaz de distinguir entre lo conocido y lo desconocido hasta tal punto que reacciona ante la ausencia de la madre…cuando pierde ese hilo de comunicación que le contiene y le identifica, así como cuando lo vuelve a encontrar, reacciona con el cuerpo y su  mirada,  porque en realidad, el bebé, se encuentra a sí mismo.
 
En este continuo mirar y ser mirado, el bebe llega hacia los primeros pasos, entre los doce y diez y ocho meses, en el que el logro psicomotor ha sido acompañado por esos ojos que apoyan, que juzgan, que protegen, que seducen, que segurizan, pero también que culpabilizan, que exigen, que aman. Esa mirada global, que permite la construcción del yo corporal y la adquisición de nociones como el espacio y el tiempo, permite más adelante la  aparición del lenguaje, soporte del pensamiento, como otra forma de comunicar además de su mirada, pero que se realiza bajo ese permanente diálogo visual, tónico y afectivo.
 
Este diálogo compartido, visual y oral, lleva al bebé al descubrimiento del yo, la búsqueda de sus propios límites, la autoconfianza…es el comienzo de la autosuficiencia hacia los tres años. Para perder, más tarde hacia los seis años, el egocentrismo, es la conquista de la diferenciación, de ser yo entre los demás. Conciencia de otros puntos de vista diferentes. Se ve a sí mismo, a los objetos, a las personas, como seres diferentes, desde diferentes puntos de vista, con mirada psicomotriz, desde diferentes sensaciones y emociones, dependiendo de la calidad de sus afectos de sus formas de ser visto y mirado en el espacio, en el tiempo.
 
Porque durante todo ese tiempo, cuando el bebé te mira, te toca la cara para que le mires, te busca con la mirada, con sus gestos, emociones, con  gritos y sus palabras,  cuando se producen estas, buscan tu mirada, porque las miradas están llenas de sentido, llenas de significado…, es por ello que te dice, que te grita:
        “mírame”,…
        “mira mama/papa”,… 
        “mira que hago”,…”mira como lo hago”,…
        “mira que estoy haciendo”,…
 
…porque en ese largo viaje de la mirada, hay un sentido…el sentido de ser visto, el de construirse a sí mismo bajo la mirada del otro.
 
El autor Roberto Rodríguez Serena tiene el blog http://psicomotricidadserena.blogspot.com.es/ y en Facebook: https://www.facebook.com/psicomotricidad.serena.37
 
 

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