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Igandea, 30 Azaroa 2014 19:29

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Entrevista a Elena Herrán Izaguirre

Maestra especialista en Educación Infantil. Diplomada en Psicomotricidad educativa y terapéutica. Licenciada en Psicología, especialidad clínica. Doctora en pedagogía, especialidad psicomotricidad. Profesora de la Universidad del País Vasco. Investiga en desarrollo psicomotor, afectivo, intelectual, y personal de la primera infancia y en intervención educativa en el primer ciclo de Educación Infantil.

Hola Elena.Has investigado sobre la autonomía infantil y las actitudes de las educadoras, y creo que es un tema muy importante para conocer mejor el verdadero alcance de nuestras intervenciones educativas. ¿Qué has descubierto sobre las actitudes de maestros y maestras?

Lo que encontramos fue que había un grupo de educadoras ubicadas en un estilo maternante y otro gran bloque de educadoras ubicadas en un estilo más instructivo, escolarizante, de dar clase.

Procesos como el aprendizaje de esfínteres, la bipedestación (aprender a andar) etc. son procesos que normalmente no hay que enseñar…, y digo normalmente porque estamos empeñados en enseñar lo imposible, porque son fruto de la maduración del propio bebé.

En los estilos maternantes se producían muchos conflictos, el estilo de intervención era mucho más pasional, más emotivo, de dar mimos más a unos que a otros. Además hemos encontrado que hay educadoras que quieren hacer las cosas de otra manera: quieren fomentar la autonomía, quieren respetar la proactividad de los niños, quieren cuidar mejor…, pero resulta que no tienen ni los instrumentos ni las condiciones para hacerlo.

Esto es lo que me ha llevado a profundizar en Pikler-Lóczy, a investigar su intervención educativa, a entenderla en profundidad, organizar toda la formación posible y colaborar para que este tipo de intervención vaya siendo cada vez más generalizada en nuestro entorno, de manera que aplaque lo máximo posible al modelo maternante y al modelo instructivo, que son los predominantes en este momento en las Haurreskolak y que es donde se ha desarrollado esta investigación.

No nos damos cuenta que 0-3 tiene una manera de ser y 3-6 tiene otra diferente, aunque ambas sean infancia. Estas dos edades comparten muchas cosas pero son muy diferentes y hay que hacer hincapié en la base, ya que el 0-3 va a condicionar completamente toda la infancia y no solo la escolarización, sino la vida futura.

¿Y qué diferencias y similitudes encuentras entre educadores y psicomotricistas?

Un educador y un psicomotricista tienen mucho en común. Todos los educadores de infantil tienen que tener una formación muy profunda en psicomotricidad pero no exclusivamente para ser psicomotricistas. Ser psicomotricista puede ser una circunstancia. Simplemente se trata de que tengan una manera de entender al niño, porque tanto el psicomotricista como el educador tienen que ser especialistas en emocionalidad; en emociones y en actitudes, porque la actitud no es más que la emoción pasada a limpio.

La actitud se va a convertir en el acto que desarrollar en potencia, porque mientras el bebé humano madura no tiene otro lenguaje que no sea el gesto, que no sea la expresión emocional, que no sea el lloro, que no sea la sonrisa; para comunicarnos su bienestar o su desazón; incluso el dolor. A nivel de formación tienen que estar muy cerca, pero yo las diferenciaría. Los quehaceres son distintos.

La psicomotricidad, en mi opinión, es una intervención didáctica, una clase, una manera de hacer determinadas actividades psico-corporales que en ese momento corresponden a la escuela. Con esto quiero decir que los que tenemos una edad y venimos de una época de familias extensas y pocos coches en la calle, que jugábamos en grupos de niños de diferentes edades, pues seguramente no hemos echado de menos la actividad psicomotriz porque ya la hacíamos: nos socializábamos en la calle y no en la escuela, y aprendíamos a subir y a bajar de los árboles, casetas, etc. y desarrollábamos nuestras capacidades psicomotrices de una manera increíble.

Una persona ve el mundo desde la seguridad con la que fue criado y desde la amabilidad o dificultades del entorno en el que vive, pero también desde el enfoque que le proporcionan los estudios y los libros que lee: ¿La formación con la que uno atiende a los niños les condiciona?

Condiciona casi al 100%, pero me explico. Cuando preguntamos a los alumnos de la Escuela de Magisterio porque han elegido el grado de infantil y no otro, la mayoría tiene un entorno de padres, madres, tíos, del ámbito educativo. Otros hablan de experiencias propias tempranas que les han marcado. No es genético aunque lo pueda parecer. El entorno condiciona y mucho.

Por una parte estaría esa especie de impronta, de intuición o de deseo de educar. Hay mucha gente a la que le gusta educar. Pero hay muchas maneras de entender esa educación. Lo que decía antes del modelo maternante o instructivo tempranos. Son modelos intuitivos muy arraigados en los estudiantes y que si no se hacen conscientes, se repiten porque son los que se han vivido. Lo que se aprende en la Universidad se olvida enseguida.

Yo tuve la inmensa suerte de trabajar un curso con Bernard en Tours y aprender su psicomotricidad en vivo y en directo; de hacer una tesis doctoral sobre el salto en 2 y 3 años y darme de bruces con el cuerpo, y recurrir a la psicología dialéctica y psicogenética de Henri Wallon para entenderlo. El dualismo cartesiano no sirve cuando entra en juego el cuerpo, que es precisamente lo que pasa en la primera infancia. Pero tampoco debería de servir en el resto del sistema educativo o sanitario del siglo XXI, pero esa es otra cuestión.

¿Qué sucede? Pues que si no cambio la perspectiva no voy a poder superar la contradicción que arrastro desde que entiendo mente y cuerpo separados. ¿En qué se traduce? Pues en que en 0-3 lo hacemos todo antes y más sencillito, que son pequeños... Decimos educación temprana y entendemos educación precoz, con esa pasión instructiva de la educadora que se pone a cantar y a contar afirmando que así aprenden y se preparan para cuando tengan tantos años... Claro que aprenden pero ¿para qué hay que adelantar contenidos y metodologías escolares cuando la tarea fundamental de los niños de Educación Temprana es formar su psiquismo? Pueden aprender esas y otras muchas otras cosas más tarde y no pasa absolutamente nada. Incluso es más adecuado que así sea...

Toda esta pasión nos vuelve locos a los profesionales…, ese sin parar de actividad docente que lo único que genera son alumnos dependientes, hiperactivos y poco centrados en sí mismos y en su tarea -el conocido déficit de atención-, porque lo que han aprendido es a estar al albur de la pasión instructiva de una escuela, que se olvida de los niños a los que educa, de sus intereses, sus gustos y sus capacidades, y trata como clones de máquinas de aprender.

Pero la infancia no aprende de los contenidos que les enseñamos las más de las veces, sino de las actitudes adultas. Cuando yo no tengo calidad profesional y soy irrespetuosa, acelerada o violenta, el niño aprende a comportarse de manera irrespetuosa, acelerada o violenta. Por lo tanto, mejor evaluación de calidad que esa no hay. Si no cambiamos el fondo no podemos cambiar el resultado.

¿Actualmente qué formaciones orientan mejor hacía la práctica de la educación y el cuidado infantil? ¿Cursos cortos bien enfocados a la práctica o estudios superiores que actualmente tienen mucha teoría? ¿Se debería crear un grado universitario en psicomotricidad?

Más que formaciones específicas lo que la educación realmente necesita es un pacto de estado, que le dé continuidad, coherencia y consistencia, en lugar de asistir a la pugna partidista permanente, sobrevivimos como podemos... Habrá formaciones pequeñas, de las que yo tengo el conocimiento que tengo, y puedo participar en algunas de ellas pero de otras no tengo ni la menor idea o sé muy poquito. Lo que puede pasar es que pueden ser muy aleccionadoras, porque pueden permitir a personas que no tienen ningún tipo de conocimiento acceder o cambiar o dar con las claves que pueden ser fundamentales y que hasta el momento no les han sido accesibles: darse cuenta de que el niño pequeño tiene otras claves de funcionamiento, que el niño mayor para el que hemos aprendido mucho de Piaget no nos sirve para los más chiquitines, que el desarrollo infantil emocional equilibrado requiere un aprendizaje exhaustivo adulto, y un largo etcétera.

¿Cuál sería mi sueño? Pues hacer un grado de infantil con dos recorridos: uno de 0-3 y otro de 3-6, con el objetivo de establecer las características, los tipos de intervenciones más favorecedoras, los tipos de actitudes que hay que mantener, los materiales, actividades, etc., etc. Por ejemplo en el primer ciclo no habría que incluir la psicomotricidad, ámbito imprescindible en el segundo ciclo, en mi opinión. Al hilo, tendría que haber no sólo una formación teórica sino práctica de aula muy amplia, con mucho vídeo, observación, seguimiento de evolución en la propia intervención y crítica con el propio alumnado y formación personal. Esto es otro sueño. Cuando yo estudié magisterio no había ni titulación de educación infantil, ¿y la psicomotricidad? ¿cuánto tiempo lleva en los programas universitarios?, o sea que fíjate lo que hemos avanzado. Pero tiene que seguir mejorando, evidentemente.

Entonces, no crees necesario el grado universitario en psicomotricidad sino mejorar el grado de infantil.

El educador, maestro o psicomotricista no es el protagonista de la educación. El protagonista es el niño al que hay que educar, ayudar o acompañar en su desarrollo, pero esto no tiene nada que ver con lo que solemos hacer.

Tenemos un “yoísmo” excesivo cuando nos acercamos al niño. Y finalmente la mayoría de los bebés y niños pequeños se convierten en excelentes personas, aprendices o ciudadanos, a pesar nuestro. Toda esta formación del profesorado lo que entiendo que tiene que hacer es objetivar lo máximo posible cuales son las claves de la educación desde la perspectiva del niño, desde la perspectiva de su entorno físico y humano. Ahí es donde tenemos que ir desplegando los diferentes ámbitos que habría que desarrollar, porque si no, en realidad, todas estas formaciones, que inicialmente no considero que sean malas, sino que pueden ser muy buenas, finalmente se convierten en un parche.

Porque en realidad, gran parte de los profesionales que está en las aulas no está haciendo esa formación permanente en psicomotricidad, en Pikler o en lo que sea, sino que la mayoría, el común de los mortales de los educadores/as y maestras/os que están en las aulas de infantil recibieron la formación en las escuelas de Magisterio o en los Centros de Formación Profesional y ahí nadie les contó todo esto. En estos últimos años hay mucho interés al respecto.

Pero no nos vamos a engañar, claro que una buena formación debería de funcionar; tendría que ser la punta de lanza. Pero lo tenemos que ir desplegando en la formación inicial en los centros educativos reglados, en la universidad y en los centros de formación profesional; propuestas más elaboradas que contemplen al niño al que se dirigen. Porque no se puede organizar un centro, un aula, un grupo; nada, sin tener en cuenta eso, no voy a poder atender al bebé o al niño pequeño haré otra cosa, pero atenderle y entenderle, en absoluto.

La psicomotricidad tiene su especificidad, un hacer corporal que unifica cuerpo y mente, desde tu experiencia como profesora de la universidad e investigadora de la infancia: ¿qué materias opinas que debería estudiar un psicomotricista o qué nuevos conocimientos de otras disciplinas enriquecen su práctica psicomotriz?  

No podemos olvidar que la Escuela Infantil ha ido incorporando progresivamente a niños cada vez más pequeños y aunque sean escolares y puedan ir con bata, un bebé de 7 meses, no tiene nada que ver evolutivamente con un niño de 3 años y no digamos de 6. ¿Cuáles son las características de esas edades y dentro de ellas, cómo se especifican en este, ese o aquella niña concreta? Cuando me pongo a investigar la actividad sensorio-motriz infantil a los dos años en la tesis doctoral me doy cuenta que ningún paradigma de los que hasta entonces había utilizado, fundamentalmente los que había manejado en la formación de psicomotricidad, tanto el psicoanálisis como la aproximación piagetiana y más cositas que tienes que ir buscando y encontrando, no me daban respuesta a este objetivo.

Entonces cruzo el desierto de la psicología walloniana y me encuentro con que no es casualidad que Wallon fuese, en realidad, el inventor de la psicomotricidad. Lo que pasa es que al ser dialéctico y tan complejo; al hablar de tantas cosas relacionadas y tan profundamente a la vez, no se le ha entendido y finalmente se le ha denostado. Algo parecido a lo que ha pasado con Paulov o con Vygotsky. Lo hemos simplificado y hemos hecho “sustancialismo” de su teoría. Nos hemos quedado con varios eslóganes: “empatía tónica”, “símbolo de ley”, “humor”, “diálogo tónico”, etc. Son eslóganes, porque parece que los tengo que ejercer para creérmelos, o que sirven para explicarlo todo. Me tengo que colocar en mi empatía tónica para saber si soy empática o no, cuando en realidad no se puede no ser empático. Tendrás más o menos niveles de empatía pero si algo es el ser humano es precisamente emocional. Siente con el otro. O el dialogo tónico…, que en su origen Ajuriaguerra lo planteaba como esa íntima relación madre-bebé llena de complicidad, gestos, comprensión, confianza, comunicación que humaniza al bebé y que Emmi Pikler supo desarrollar magistralmente en un contexto de crianza colectivo, y no en el sentido ambiguo y polisémico en el que se utiliza en la actualidad.

Al entrar desde el automatismo sensoriomotor en la teoría walloniana he descubierto cuales son las claves de su inconmensurable aportación. Las claves fundamentales son que la cría humana nace completamente inmadura, que es básicamente cuerpo y desplegará la mente a imagen y semejanza de su nido o contexto social, y que es un ser separado pero eminentemente social.

A partir de los 6 meses el niño va a desarrollar lo que Wallon denomina emoción primitiva, ubicada en las partes laterales del tórax, en zonas con muchas inserciones musculares; zona de especial contacto con los adultos que le cuidan y a partir de la cual va a establecer las emociones. Emociones evidentemente básicas, pero que van a desplegarse hacia dentro en forma de tono muscular, y también hacia fuera en forma de actividad sensoriomotriz, que es la que le va a llevar a objetivar el entorno. Y esa vehemente actividad por la cual el bebé se mira la mano, se la vuelve a mirar, se ríe, ve la diferencia de un lado y el otro, ve que tiene dedos, le lleva en breve al mundo de los objetos.

El desarrollo que como especie hemos tenido va a tener aquí su inicio, porque según afirma Pavlov y Wallon comparte, cualquier estimulo que viene desde fuera accede hasta la corteza cerebral. Si el estímulo llega a una zona, el cerebro lo que hace es aislar esa zona del resto de las zonas para que haya una respuesta específica, y es por eso que hay zonas especializadas -el lenguaje, la lógica, los sonidos, etc.-, más allá de que todo el cerebro funcione conjuntamente, a modo de orquesta.

Entre esta aferencia y su aferencia correspondiente lo que vamos a estar haciendo es incorporar un entorno concreto y generar un determinado efecto en la corteza cerebral, que a su vez la construye. Va a ser una interacción dialéctica inherente al desarrollo humano. Tenemos que darnos cuenta que el trabajo educativo temprano teje los pequeños detalles del bienestar, de dar sentido a lo que hace el niño, de atenderle, de esperarle, de acompañarle, hasta que es él quien lo hace autónomamente. Ahí es donde realmente estoy haciendo desarrollo, porque son esos pequeños estímulos de uno en uno, los que van a hacer que ese ser humano desarrolle su corteza de una forma determinada. Nuestros genes necesitan de lo social y lo social necesita de estas características biológicas. Esta concepción es radicalmente diferente a la que se maneja en otras formaciones al uso en este ámbito.

Me acuerdo de un niño de dos años que cada vez que entraba a la sala de psicomotricidad, se le acababa de cambiar el pañal, sistemáticamente se hacía cacas, todos los días al entrar en la sala... Hasta que nos dimos cuenta que era dueño de su control de esfínteres y que cada vez que le dábamos la oportunidad de enfrentarse a la altura, para él era soltar el esfínter. Evidentemente se trataba del proceso de maduración de aquel niño y es así como había que entenderlo. No se puede entender como una “reacción anal” a no sé qué estímulo, como una provocación personal, ya que era inmediato al cambio. Era un ser humano en su propio proceso de maduración. ¡Un bebé que está aprendiendo a controlar sus esfínteres!

Creo que me ayudaría estudiar pediatría, para entender mejor esos procesos. Creo que la fisiología, el sistema nervioso, el cómo se organiza la musculatura, son temas a estudiar en profundidad. La musculatura lisa, la de la vida vegetativa: corazón, respiración, pulmones, aparato digestivo, etc. tiene tono muscular y en esas zonas del cuerpo se van a asentar tensiones, en muchos momentos. La musculatura estriada o esquelética tiene las dos funciones, la clónica con el alargamiento y encogimiento de la fibra, y la función tónica, que es la que en realidad da forma al movimiento. Es el tejido de las actitudes. Con todo esto ya tengo la manera de entender la actividad temprana. Si profundizo en esto puedo encontrar los tipos de tono en la primera infancia: el tono ortostático, el tono de sostén, el explosivo, etc.

Tampoco tenemos suficiente formación en estadística. Renegamos de la ella como de la peste. La opción políticamente correcta es la “cualitativa”, como si la cualidad no cambiara cuando la cantidad aumenta exageradamente... La estadística es fundamental para entender qué sentido tiene un determinado resultado, y dar su justa medida a la importancia que determinado resultado se supone que tiene. Es fundamental saber de qué se habla. Es como ser analfabeto. Aunque sea básicamente hay que saber algo y bien.

En cuestiones de formación yo creo que habría que profundizar en aspectos corporales, junto a determinados instrumentos para acceder a ese conocimiento. También está lo personal, evidentemente, pero se puede abordar desde perspectivas muy dispares en la actualidad. Hay propuestas de crecimiento personal increíbles. También tendríamos que aprender a hacer observaciones. No tenemos ni idea... Decimos cualquier cosa sobre lo que vemos y le ponemos además todo lo que pensamos al respecto y lo prejuzgamos. Tenemos mucho que aprender.

Además del conocimiento adquirido en las formaciones para trabajar con los niños está el universo de creencias conscientes e inconscientes, más difíciles de modificar, con las que nos acercamos a los niños. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?

Wallon diría que el inconsciente no existe, que hemos aprendido a hacer de una manera por reiteración hasta que la hemos automatizado; es decir que lo hacemos sin pensar, y que mientras es funcional, mientras resuelve, no lo cambiamos. ¿Para qué?... Y además como tenemos un modelo educativo autoritario y tradicional incorporado hasta los tuétanos, que nos paraliza ante el cambio, pues estamos comodísimos en nuestras creencias, por muy inadecuadas que sean.

Los automatismos pueden tener diferentes niveles: emocional, sensoriomotriz, personal, ideológico, etc., pero tienen en común que todos ellos se ejecutan automáticamente, sin pensar. Según la concepción psicogenética walloniana, el bebé tiene muchísimas más capacidades que las que pensamos. El bebé humano, para empezar, no necesita ayuda física para ponerse de pie. No le tiene que enseñar nadie a dar un paso si le brindamos las condiciones adecuadas. No tiene que estar al albur de mis ganas de darle la mano o de mi cansancio cuando él quiere andar y yo no le puedo o quiero dar la mano. Pasa lo mismo con la mayoría de las capacidades sensorimotrices, cognitivas, etc. lo que no quiere decir que no haya ámbitos en los que no haya que acompañar y educar al bebé, como en la alimentación, el control de esfínteres, etc., etc. pero queremos enseñarlo todo, y no se puede.

A mí Wallon me rompió definitivamente los esquemas. Mandó mis creencias a paseo ante la evidencia del comportamiento psicomotor infantil. ¿Cuál es el drama de nuestra formación? Que me hago mi propia historieta de qué es la educación porque es lo que me ha servido a mí o que yo he idealizado de lo que me ha servido a mí. Y es que, además, inevitablemente le doy cierto toque narcisista. Ese “yoismo” que decía antes, cuando no soy más que una circunstancia del aprendizaje de mis alumnos. Una circunstancia interesada y muy profesional, por supuesto, pero en segundo plano, para que ellos vivan lo que les corresponde en estos tiempos felices de crecimiento, maduración y aprendizaje. Ellos van a vivir en sus propios cuerpos, no lo olvidemos.

Normalmente lo que sucede es que me hago mi propio mundo educativo y resulta mucho más resistente al cambio cuando esa persona ha entrado en el aula, y se afianza en sus preconcepciones y principios. Por eso digo que habría que cambiar la formación como en los países nórdicos, y no solamente pedir altas notas al alumnado, que también, sino un nivel competencial importante, un nivel personal en base a entrevistas. No sólo test de personalidad, pero sí determinadas pruebas que me demuestren que son personas equilibradas, asentadas y con una personalidad normal y saludable. Y luego, además, un trabajo muy continuo, una formación muy a lo largo del tiempo, con mucha evaluación, con mucho control, con mucho mimo, con mucho modelaje, con mucha observación. ¿Por qué? Porque es la única manera de garantizar que ese producto final es de calidad. Cualquiera no sirve para educar.

¿Y a un psicomotricista que le corresponde?

Si es un psicomotricista que se dedica exclusivamente a la psicomotricidad sin ser tutor, en cierto sentido, es un privilegiado. Es una tarea que permite contactar con los niños y normalmente te da lo mejor de ellos, aunque de vez en cuando salgan basuritas, y sobre todo, te exime de la presión escolar: padres, informes, aprendizajes escolares, etc. Te refresca, te rejuvenece, te vuelve a poner a jugar, a volver a jugar.

Cuando sabes por experiencia que una intervención como la psicomotricidad tiene toda esa frescura, esa potencialidad y todos esos riesgos como las reiteraciones, las regresiones o todos esos juegos tan “patológicos” o tan fuera de la sanidad o del placer, te das cuenta que lo que estamos haciendo es algo mucho más esencial que enseñar matemáticas o enseñar inglés, porque asistimos a la construcción de la persona, al establecimiento de la personalidad, y eso es algo que me siento en la obligación de comunicar a mi alumnado y a la gente que me rodea, porque estoy convencida de que la educación infantil es una cosa muy seria. Mucho más seria de lo que la gente quiere creer. Cuanta mayor calidad humana y profesional tengan esas personas mejor sociedad tendremos. Sin duda.

Vivimos una época inflacionista de las emociones. El desarrollo de la inteligencia emocional se publicita en muchos libros y manuales pero ¿qué son las emociones, cuál es su origen y cuál es el límite o a dónde no llegan estas técnicas y cursillos de inteligencia emocional con los que nos están inundando?

Siempre estaremos al albur de las modas y sus mercados, porque como no vamos al meollo de las cuestiones siempre vamos a tener pingos pendientes por los cuales se van a justificar todo tipo de terapias, libros, conferencias, metodologías, etc. etc. y lo mejor es que alguna será buena, no, buenísima, seguro.

La emoción existe en el cerebro, entre los centros mesencefálicos y la corteza. Hay una regulación bidireccional, que en un sentido provoca el automatismo correspondiente y en el contrario mantiene la expresión emocional a un nivel más fisiológico. Al ubicarse en su zona de excitación cerebral, construye corteza cerebral a partir del establecimiento de la función y de las sucesivas respuestas que produce la emoción en cuestión. Esta actividad es fundamental ya que es la que nos humaniza. Los afectos que el inmaduro bebé humano va a desarrollar tienen como límites el sufrimiento y el placer, y cuando necesita ayuda nos la va a pedir con sus gestos, con sus lloros, con sus ruidos y expresiones. Y los adultos que estamos a su cargo, con los mismos límites psíquicos de placer y displacer, lo que vamos a hacer es que esa situación finalice no sólo a la mayor brevedad posible, además buscaremos que ese bebé participe en la misma finalización del malestar, no sólo en la dimensión temporal sino que pueda progresar en el control de su propio bienestar. Bienestar consciente y proactivo.

¿Cuál sería entonces la concepción dialéctica psicogenética de las emociones?

Entre los límites del placer al displacer encontramos cinco emociones básicas: placer y alegría, rabia, angustia, miedo, timidez y prestancia y todas se dicen en tono muscular, más allá de que la mayoría produzcan, según la situación, su automatismo correspondiente o dejen al sujeto atrapado en la emoción.

Muchos teóricos de las emociones lo que hacen es intentar organizarlas en buenas, malas y medianas. Es una calificación confusa, porque las buenas son buenas cuando son buenas, pero siempre hay alguna buena que en un momento se transforma en mala, y así sucesiva o indistintamente y con todas. Nuestra perspectiva, en cambio, no las juzga, simplemente explica su emergencia, características y evolución y con ello enseña las tendencias propias y ajenas, y cómo manejarlas.

Las emociones básicas se van a generar desde los 6 meses hasta el tercer año de vida aproximadamente. Pero, a partir, más o menos, de los 18 vamos a tener la identidad, se va a añadir un plus que es el “yo”, y las va a transformar en secundarias: orgullo, vergüenza, la culpa, etc. Aquí la identidad, la personalidad en ciernes sería el elemento fundamental, el que agiliza la ósmosis sujeto-entorno. Catalizará mejor o peor porque depende de si el “yo” es un “yo” placentero que puede entender el mundo de una manera confiada, amable y respetuosa, o ese“yo” es sufriente, angustioso, desde el que es mucho más probable que aparezcan los celos, la envidia, la competitividad, incluso, la agresividad. Todo esto va a estar establecido para el tercer año de vida.

Es por eso que es tan importante la calidad del primer ciclo de Educación Infantil (0-3), y es lo que hay que aprender en infantil. El meollo es esta franja emocional. De lo que se trata es de ver y de entender cómo se establece está progresión en condiciones óptimas. Vamos a tener diferentes musculaturas, la estriada y la visceral. Vamos a tener dos tipos de resolución de estas emociones, la resolución va a ser el automatismo correspondiente. Por ejemplo, si sentimos miedo evitamos la situación, salimos corriendo si podemos, y para cuando nos damos cuenta el miedo ya se ha pasado y no sabemos cómo nos hemos alejado del riesgo.

La alegría y el displacer son carga y descarga equilibrada de tono. Entonces puede ser una alegría pasiva o una alegría frenética y en el intermedio puede haber muchos niveles. Puedo estar contenta saltando en el concierto de mi grupo favorito y gritando todas las canciones o puedo estar igualmente feliz tumbada en el sofá de mi casa con una buena novela, o simplemente estando, que es un buen ejercicio. Y estoy también alegre porque la clave es el equilibrio entre la carga y la descarga tónica.

Bien, cuando el equilibrio tónico no es perfecto y hay excedente, ¿cuál es la emoción que surge? Nos alejamos del placer y emerge la rabia, también llamada ira o frustración. El tono en exceso se acumula en la musculatura estriada y se puede descargar mediante el automatismo de lucha. Lo explica fenomenalmente Ekman. Es muy liberador porque hay descarga tónica. Pero, ¿qué es lo que sucede si no puedes descargar esa energía tónica, ese tono en exceso? Se incorpora a los gestos como un plus de tensión, inicialmente, y poco a poco, si supera el nivel mínimo básico, termina acumulándose en la musculatura lisa de las vísceras. La tensión se ha trasladado de la musculatura esquelética a la visceral, y ya estamos en la angustia, que sólo se descarga mediante sollozos, hipos, etc. Se observa en niños muy cansados que necesitan llorar para conciliar el sueño, por ejemplo.

Por su parte se suele confundir el miedo con la angustia, porque una puede ser origen de la otra. El miedo tiene que ver con la pérdida de apoyo, físico o psíquico y por ello con la hipotonía y con no poder adoptar la postura que las circunstancias exigen. Un resbalón, un tropezón; una fugaz pérdida de equilibrio en la calle. Finalmente la timidez es el miedo ante la reacción de los demás ante mi presencia. Es como el miedo tónicamente hablando, pero sus motivos son exclusivamente psicológicos. Y es así como transitamos del placer al displacer según la concepción dialéctica walloniana.

Todos estos cursos y cursillos que nos venden de educación emocional, inteligencia emocional, todos llevan la coletilla de “emocional”. ¿Cuántos de estos son de calidad y realmente están llegando a trasmitir algo con enjundia?

No soy quien para decir nada al respecto, porque no los conozco suficiente, pero en general hay un conocimiento muy superficial de lo que son las emociones y de cómo se pueden gestionar. En realidad, es eso lo que hay que aprender a hacer, gestionarlas. Por otra parte, no sé si es engaño o ignorancia, como si además del problema, a veces muy complejo, tuvieses la culpa de tenerlo. Eso no me parece bien. Ya se sufre suficiente. Hay gente que corre, que va al cine, que habla con un amigo, y suelta el lastre preciso para seguir viviendo. Otros en cambio, necesitan ayuda más estructural. Pero ¡cuidado!, el mercado es el mercado.

En algunas propuestas didácticas de las que tengo conocimiento, la aproximación sigue siendo cartesiana: el cuerpo va por su lado y la cabeza por otro. En la de Lózcy, en cambio, es dialéctica con el niño como protagonista. Son entornos de desarrollo muy tranquilos, poco cargados afectivamente, lo que no quiere decir que no haya afectividad o incluso arrebatos, porque todos los niños son emocionales. Pero lo que es absolutamente revolucionario y completamente aleccionador para los profesionales de la primera infancia es cómo gestionan esas emociones. En vez de añadir emocionalidad se interviene con suma sutilidad para bajar la tensión y recuperar la normalidad.

En psicomotricidad también sería fundamental. Porque lo que se hace en algunas ocasiones es separar al niño del conflicto y pedirle que se vaya a pensar a una esquina, como si el sitio tuviera propiedades mágicas; como si el niño pequeño, motu propio, con un montón de nervios y de tensión muscular y de desconocimiento de lo que le está pasando, pueda pensar y tomar consciencia de lo que ha pasado o ha hecho mal. ¿Qué puede pensar un niño en una esquina él solito? Se le puede pedir que abandone el grupo si su comportamiento no es adecuado, pero se le debe decir el por qué y que cuando esté dispuesto a retomar la actividad en esas condiciones que no le resultan fáciles, puede hacerlo, y de paso que tome en cuenta a los demás y sus necesidades, aprende, sabe qué se le exige, pero sobre todo, que puede aceptarlo o no.

También se utiliza la técnica de las tres sillas y no me parece que tiene sentido porque un niño pequeño no es un adulto y no sabe lo que está sintiendo. De hecho, las más de las veces, lo convierte en juego. Si está sintiendo rabia, miedo o envidia hay que poner palabras, hay que ayudarle a que se dé cuenta y a que detecte la dificultad, pero sobre todo, hay que darle la oportunidad de retomar la actividad, incluso facilitándole materiales para que pueda jugar en paralelo en un determinado momento personal o evolutivo. En otro momento se le puede proponer: “mira si te parece, te apunto aquí a la lista y cuando termine el anterior, te toca a ti”.

Hay que mirar al niño y organizar la vida del aula. Si no, es una tirita, una aspirina, un remedio puntual, un fuego apagado, pero no estamos entendiendo la profundidad de toda esta historia emocional que realmente se genera en la primera infancia.

Hemos avanzado muchísimo gracias a todos los avances científicos que nos han descubierto un cerebro totalmente diferente, y esto es una gran ayuda para avanzar en una educación infantil de calidad. Ahora podemos decir que efectivamente el control emocional tiene muchos niveles. Va desde el mesencéfalo hasta la zona cortical y en ese camino hace itinerarios completamente diferentes, según la persona, el entorno y el momento. Una persona primitiva y simple no tiene tan desarrollada esa corteza pre-frontal que realmente es la responsable del comportamiento más evolucionado. El objetivo de la educación infantil es eso, que esa zona progresivamente vaya estableciéndose y como resultado el comportamiento infantil sea más autónomo y evolucionado.

En algunos estudios científicos se dice que la experiencia no siempre se relaciona con un mejor desempeño. Esto parece verse claramente en los accidentes aéreos y en medicina: Los pilotos con más experiencia no hacen caso de las indicaciones de los copilotos, aumentando los accidentes aéreos; y los médicos más mayores, con más experiencia, comenten más errores que los jóvenes, negando además que cometan errores. ¿Crees que para mitigar este problema humano, el entrenamiento en metodología observacional, el registro sistemático y la auto-crítica diaria deberían formar parte del trabajo profesional con los niños?

Ahí hay más cosas. Por una parte sí que pienso que la sistematización es fundamental; que hay que ver lo que hay y no lo que quieres ver. Pero eso es todo un mundo a descubrir y a conocer en profundidad. Yo creo que un buen profesional de la educación: maestro, educador, etc. no tiene que ser un especialista en metodología pero tiene que saber algo, que le sirva para interpretar los gráficos o porcentajes complejos. Suficiente con un par de asignaturas en el grado.

Por otra parte este abismo entre la creencia y el desempeño es casi insuperable en la actualidad. Como he dicho antes, la formación secundaria o universitaria es como una especie de maquillaje que cae cuando entran en el aula a trabajar. La mayoría de los educadores y maestros educan desde su intuición, desde sus concepciones anteriores a las aprendidas en las diferentes formaciones, si los instrumentos que les brindamos no les resultan eficaces. Desgraciadamente eso es lo que hemos encontrado en la investigación con la que hemos empezado la entrevista. No les ha servido para cambiar y nos debería hacer replantear la formación. Algo falla, evidentemente.

Con todo, éste es un caballo de batalla de tantas facetas de la vida. Permanece porque no nos queda otra que luchar contra nuestros propios aprendizajes, hábitos y expectativas. Si yo tengo una expectativa negativa, la confirmo y no hago más que confirmarla: “ya dijo tu maestra cuando tenías dos años que…”. A ti te ha convenido quedarte con esa idea y no eres capaz de actualizarla. En el siglo XXI el concepto de actualizar las versiones, aunque a veces nos pongan patas arriba el sistema, es muy importante. A veces hay que, efectivamente, poner el sistema patas arriba, lo que pasa es que hay que atreverse a darle a la tecla, y casualidad, volvemos a las emociones básicas...

Te formaste en psicomotricidad con el fundador de nuestra disciplina: Bernard Aucouturier en Tours, Francia. ¿Cómo recuerdas tu proceso de formación y construcción como psicomotricista? ¿Ves diferencias en los psicomotricistas de esa primera época de la psicomotricidad con los psicomotricistas que terminan ahora la formación?

Estuve un año en Tours con Bernard Aucouturier y el curso pasado he estado tres meses en Lózcy. La psicomotricidad que yo encontré con Bernard fue un lujo. Yo recuerdo que lloré sin parar durante el primer trimestre. Pasé una crisis personal tremenda. Pero creo que la tenía que hacer. Eso me llevó a secarme las lágrimas y a meterme con todos los profesores que estaban en aquel momento en boga con “El psicoanálisis revisitado”, con “El yo piel”, Iván Darrault, etc. yo tenía reuniones en ocasiones con alguno de ellos y con Bernard pero sólo podía preguntar. Nadie me explicaba nada. Yo sólo podía hacer preguntas. Pues lo que hice es ir acumulando información al hilo y hacerme preguntas cada vez más serias y más profundas. Eso es lo que me ha llevado a hacer la tesis doctoral y a seguir preguntándome qué funciona, cómo lo hace, por qué aquí sí y allí, no, etc. Sin haber pasado por Tours seguramente no hubiese plateado todas esas preguntas que profesionalmente me han traído hasta aquí. Ahora estoy estudiando la muestra que pude coger en Lóczy, y que me tiene más que atareada, pero aprendiendo un montón sobre la educación temprana de calidad.

Con respecto a la segunda pregunta, creo que ahora hay psicomotricistas tan buenos o mejores incluso que los de antes. Lo que pasa es que antes éramos unos pocos y como había menos conocimiento científico y crítica, y estábamos más en la “fe”, en que había que hacer a la manera de los fundadores, André o Bernard proponían. Éramos más ignorantes u obedientes. No lo sé. Ahora hay un poco más de versatilidad y flexibilidad.

Muchas gracias Elena por la entrevista y por tu labor investigadora.

De nada. Un placer.

Irakurri 5381 irakurketa Azken eguneraketa Igandea, 30 Azaroa 2014 20:01

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