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Publicado en: Revista Nº 26

Sobre el origen de las alteraciones psicomotrices: algunas reflexiones

Publish 16 Diciembre 2013 Visto 2036 veces
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Silvia Carné es psicóloga clínica, fonoaudióloga, Posgraduada en Psicomotricidad y Patologías del lenguaje. Directora de “ESPACIO NECTAR” Centro de Práctica Psicomotriz  Aucouturier, socia titular de la Sociedad Brasileña de Psicomotricidad (SBP) y aspirante formadora de la Asociación europea de Escuelas de Formación en Práctica Psicomotriz – Asefop.

 

Traductor: Miguel Ángel Domínguez Sevillano

 

      “Podemos pensar en la infancia como un
      proceso gradual de formación de una
      creencia. Creencia en personas y cosas
      que se construyen poco a poco, a través
      de innumerables buenas experiencias.
    
       ( Winnicott, 1982, p.41 )

El nacimiento inaugura, efectivamente, un proceso de maduración neuromotora y psicológica que tendrá como resultado la constitución de una unidad original somatosíquica – el sujeto.

 Los cuidados y el investimento afectivo de la madre (1) aseguran la supervivencia del recién nacido e imprime en su cuerpo marcas significativas que se mantendrán y actualizarán durante toda la vida. Estas transformaciones tónico-emocionales recíprocas irán, poco a poco, siendo engramadas en el cuerpo del bebé constituyendo la base de su identidad. Será a través de estas informaciones somáticas que la noción de unidad se esboza.

 En una atmósfera de placer compartido, el niño va distanciándose poco a poco de una relación simbiótica con la madre - necesaria inicialmente – dando sus primeros pasos en la búsqueda de su autonomía e individuación. El niño, desde su origen, es un individuo en formación que depende de un investimento narcisístico por parte de los padres para potenciar y constituir su “verdadero Self “. Para Winnicott (1982):

 “ Un verdadero Self comienza a tener vida, a través de la fuerza transmitida al débil Ego del lactante por la complementación de la madre de las expresiones de omnipotencia del lactante “ (p. 133)

 El niño va constituyendo gradualmente su representación  e integrando, también en sí, la representación del objeto. Entretanto es necesario que los padres hayan tenido, en su primera infancia, unas condiciones favorables en el desarrollo de su narcisismo y, por tanto, de su “verdadero Self”. El origen de este investimento narcisista inicial recibido por el niño está directamente ligado a la historia originaria de sus progenitores.
Zornig, S. (2000):

 “La relación originaria entre el adulto y el niño se establece en un doble registro: del lado del niño y de su autoconservación  prevalece un desamparo que hace que él necesite de una  “ayuda extranjera” (como denomina Freüd) para sobrevivir; sin embargo, del lado del adulto los mensajes sexualizados, mensajes no verbales, verbales o comportamentales, presentes en los primeros cuidados; enigmáticos para el niño ya que no tiene capacidad para entenderlos e integrarlos, pero también enigmáticos para el propio adulto porque hacen referencia a su inconsciente” (p. 143/144)

 Un niño solo puede vivir y expresar sus sentimientos si encuentra un medio favorable en el que se sienta comprendido, acompañado, que le valorice y que introduzca, poco a poco, de manera asertiva y respetuosa, los límites necesarios y estructurantes para su desarrollo.

 Desde muy temprana edad, el niño ya es capaz de “percibir” las necesidades inconscientes no satisfechas y los conflictos narcisistas de los padres. Habiendo sido ellos impedidos de vivir y expresar auténticamente sus sentimientos originales en la infancia, estos padres se viven incapaces de investir narcisistamente a sus hijos o, al contrario, investirlos excesivamente. Las necesidades afectivas de los padres se manifiestan durante toda la vida, como una búsqueda incesante de encontrar su “verdadero Self” reapareciendo fuertemente después del nacimiento de los hijos.

 

LA INTERRELACION ENTRE LOS CONFLICTOS NARCISISTAS DE LOS PADRES Y LAS ALTERACIONES PSICOMOTRICES DEL NIÑO.


 En 1914, en su artículo sobre”Introdución al Narcisismo”, Freüd destaca la importancia de los padres en la constitución del narcisismo del niño, resaltando que el amor de los padres por los hijos equivale a la “revivencia” de su propio narcisismo primario. Nasio, J.D. (1989):

 “Se produce una “revivencia” y una “reproducción” del narcisismo de los padres que atribuyen al hijo todas las perfecciones y proyectan en él todos aquellos sueños a los que ellos tuvieron que renunciar. El narcisismo primario representa una especie de omnipotencia que se produce en el encuentro entre el naciente narcisismo del bebé y el renaciente de los padres” (p. 49)

Entretanto, las vivencias dolorosas, frustrantes y humillantes de la infancia de los padres, así como los desajustes tónicos-emocionales inscritos en su propio cuerpo, se traducen, después del nacimiento del niño, en forma de idealizaciones aprisionantes y/o perversas. El modo encontrado por los padres para garantizar la inmortalidad de su Yo y defenderse de estas “revivencias” inconscientes consiste en utilizar una fuerte pulsionalidad dominadora sobre el hijo. De este modo el niño es conducido a renunciar a sus propios sentimientos y a inhibir su libre expresividad, afectando el desarrollo natural de sus pulsaciones, originando un exceso de angustia que bloquea o altera sus producciones fantasmáticas.

 El niño, en el proceso de encontrar su “verdadera Self”, manifiesta su sufrimiento y sus conflictos reprimidos, que se presentan y expresan por la vía corporal. La represión de los sentimientos y el aprisionamiento en una imagen rígidamente idealizada por los padres acarrean una inestabilidad afectiva que se manifiesta a través de alteraciones psicomotoras, como por ejemplo, fragilidades, inestabilidades, tics, etc…

 El niño frente a un ambiente poco estable y empático se siente amenazado por el adulto.
 La función defensiva del “falso Self” es la de proteger y ocultar el “verdadero Self”. De este modo, los sentimientos que no pueden ser expresados generan los primeros traumas narcisistas, interfiriendo posteriormente en la resolución del conflicto edípico, afectando al desarrollo de su sexualidad. Como el sufrimiento psíquico del niño no puede traducirse en palabras, éste se presenta en forma de síntomas psicosomáticos.

 El ritmo de vida actual también fortalece las dificultades de los padres. La vida agitada contribuye a camuflar sus conflictos, disminuyendo el tiempo disponible para reflexionar sobre ellos mismos, para acompañar y valorizar el desarrollo y el ritmo natural del niño. Los padres se sirven del camino intelectual para comunicarse con el niño, generando un exceso de estímulo cognitivo que inhibe la dimensión infantil y lúdica del niño. En estos casos lo intelectual se convierte en un mecanismo de defensa necesario para la supervivencia del niño.

 Los padres, en función de sus dificultades e intentando evitar el encuentro con su historia personal, estimulan el desarrollo precoz del niño, transformándolo en un pequeño adulto, capaz de ofrecer un buen pensamiento lógico. Mientras tanto, estos niños se vuelven incapaces de saltar libremente, de vivir su pulsionalidad motriz, de comunicarse auténticamente y de descentrarse hacia el mundo.

 El “falso Self” se caracteriza por una personalidad ficticia defensiva que genera sentimientos de impotencia, de displacer, de regresión, de disimulación y/o de perversión. El niño pierde todos los sentimientos de autenticidad, en la tentativa de conservar su objeto de amor.

 Estos conflictos vividos por los padres en su infancia se repiten con sus hijos, y así, sucesivamente; y es solamente en un espacio terapéutico que tales conflictos pueden ser aclarados y elaborados, con el objeto de interrumpir este ciclo de repetición y sufrimiento.

 

LA IMPORTANCIA DEL “ESPACIO DE LA PALABRA” EN LA PRACTICA PSICOMOTRIZ AUCOUTURIER (PPA)


 Con mucha frecuencia nos encontramos con relatos que expresan claramente los conflictos narcisistas de los padres durante la infancia y que acarrean consecuencias graves en la calidad de la relación con el niño.

 Cuanto más confiados se sienten los padres con el proceso terapéutico, más fácilmente reconocen la importancia de los momentos de reflexión y más profundamente se sumergen en su historia personal.

 No podemos pensar en ayudar al niño, sin prever un acompañamiento y una atención también a los padres. Es esta una condición fundamental en la clínica con el niño y uno de los objetivos de la P.P.A. La calidad de los encuentros con los padres asegura la continuidad y la eficacia de la ayuda terapéutica.

 El “Espacio de la palabra” forma parte del marco de la P.P.A. siendo su objetivo principal abrir un canal de comunicación con los padres, intentando ayudarlos a comprender el origen de las alteraciones del niño, así como a crear también, la posibilidad de una participación activa en el proceso de ayuda al hijo.

 Este trabajo intenta ofrecer un espacio acogedor y respetuoso que posibilite la reflexión sobre sí mismos y sobre las posibles interrelaciones entre las alteraciones del niño y la historia de los padres.

 El “espacio de la palabra” tiene, de este modo, el objetivo de examinar las relaciones establecidas entre los padres y el niño. Es en este espacio en el que los padres son capaces de descubrir y aceptar emocionalmente la verdad de la historia única que fue su infancia; muchas veces ellos pueden identificar un sentimiento antiguo de vacío, de alineación, de abandono, de exceso de exigencia, de falta de respeto, etc, y estos descubrimientos les llevan a reconocer una compulsión y a reencontrarse con la pérdida a través del hijo, ya que el “Self” del niño está directamente ligado al “Self” infantil de los padres. Zornig, S. (2000):

 “la cuestión exhibida por los padres tiene su lado opaco, por vehiculizar algo del inconsciente de los padres en relación a su implicación en el síntoma del hijo, y también una vertiente enigmática para el niño pues este procura responder a la demanda de los padres, pero solo puede traducirla sintomáticamente, construyendo por medio de la producción fantasmática su neurosis infantil” (p.144)

Es en el “Espacio de la palabra” donde los padres perciben que el proceso terapéutico no es una fábrica  en la que el niño viene a modelar un patrón ideal de comportamiento impuesto por la sociedad y mucho menos un lugar donde el niño va a vivir un proceso de soledad, sin la participación afectiva de los padres.

 Inicialmente, este trabajo lo realiza el psicomotricista que acompaña al niño. Entretanto, en función de la evolución, puede ser indicado a uno de los padres o a la pareja un proceso terapéutico con otro terapeuta, La ayuda es un proceso dialéctico de descubrimientos, cambios en el comportamiento y, sobre todo, de atenuación de los sufrimientos, tanto de los padres como del niño.

 Los padres son capaces de reconocer sus exigencias y sin embargo siguen mostrando preocupación en  imponer y transmitir valores morales rígidos. Frecuentemente, resaltan el hecho de tratarse de patrones educacionales heredados de los propios padres y que, aparentemente, tienen validez. Esta reproducción de comportamiento es, en muchas ocasiones, una manutención defensiva de una idealización de sus propios padres, evitando de este modo el encuentro con una realidad psíquica depresiva, cargada de necesidades narcisistas insatisfechas.

 Los padres necesitan realizar un duelo de estas imágenes parentales idealizadas, comprendiendo que algunas raíces de libertad fueron cortadas en su propia infancia y que sus necesidades básicas no satisfechas destruyeron y/o inhibieron también parte de sus ilusiones y de su “verdadero Self”.

 Estos descubrimientos en muchas ocasiones se acompañan de sentimientos de culpa, de rabia y vergüenza. No obstante, es solamente a partir de una calidad en la relación terapéutica, en un área de confianza, respeto y acogimiento, que estos descubrimientos pueden ser dichos con palabras y asumidos. Esta toma de conciencia establece, efectivamente, una nueva dinámica relacional entre los padres y el niño.

 De este modo, poco a poco, el proceso terapéutico del niño va evolucionando, los síntomas van atenuándose y los padres se sienten más libres de desarrollar su propio patrón de educación y de relación con el niño, comprendiendo mejor sus dificultades – como afirma Winnicott, D.W. (1982, p.94):
 
 “obtenemos más del amor que de la educación”

 

NOTAS

1. Es preciso comprender a la madre como la persona que se ocupa de la función materna. No se trata solamente de la madre biológica sino también de una figura femenina. Como sabemos, cada vez más, en los tiempos modernos, el padre viene ocupando una función maternante.

2. Este artículo fue escrito con la colaboración del Equipo Néctar.


BIBLIOGRAFIA

- NASIO, J.D. Os 7 conceitos  cruciais da Psicanálise. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, editor, 1989.

- WINNICOTT, D.W. A criança e sen Mundo. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, editor 1982.

- WINNICOTT, D.W. O ambiente e os Processos de Naturaçao. Porto Alegre: Editora Artes Médicas, 1982.

- ZORNIG, S. A Criança e o infantil em Psicoanálise. Sao Paulo. Editora Escuta, 2000.  

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